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esto es poco serio

El gobierno actual rompe records mundiales y regionales en toma de deuda. Al mismo tiempo la relación deuda/Producto Bruto Interno (PBI), que significa la relación entre lo que se debe y la capacidad de pagar, se incrementa al mismo ritmo. En este contexto es fundamental repasar algunas nociones básicas sobre la deuda externa Argentina

y repensar preguntas como ¿Es necesario tomar deuda para que un país como Argentina se desarrolle? ¿En que ha invertido la Argentina históricamente su deuda con los organismos financieros internacionales? ¿Cómo va a afectar el futuro del país la deuda que está incrementando en forma acelerada el gobierno actual de Mauricio Macri?

La deuda no es en sí mismo algo bueno o malo. Incluso en el sistema capitalista que vivimos, no es una condición necesaria y menos en un país de recursos diversos y abundantes como Argentina. Para desarrollar un país es posible movilizar los ahorros internos para que se vuelquen en la inversión público privada local. El problema se da cuando los ahorros privados están fugados o invertidos en inversiones no productivas (ej. en el 2004 se calculó que los bienes argentinos en el exterior superaban más de la mitad del PBI argentino). Si hubiese endeudamiento, la clave es para que se utiliza esta herramienta económica, si para movilizar la frontera productiva o si se utiliza para fuga de capitales, cubrir baches fiscales y financiar la compra de autos importados.

A lo largo de la historia Argentina y desde el primer empréstito que tomamos como país en 1824, la mayor parte de la deuda con los organismos financieros mundiales (ej: FMI y Banco Mundial) fue utilizada para financiar un ajuste recesivo y ortodoxo. Es decir la toma de deuda vino de la mano de privatizaciones, flexibilización laboral y apertura financiera que llevaron a una redistribución regresiva. Estas medidas, que lejos estuvieron de favorecer a la mayoría del pueblo argentino, sí sirvieron para favorecer a los grupos poderosos locales y multinacionales y especialmente a la banca internacional, dado que los ajustes tienen como función el pago de intereses.

En el último año, durante el gobierno de Mauricio Macri, volvemos a un contexto de toma de deuda desmedida tal como ocurrió en otros momentos tristes de la historia de nuestro país.

Sin embargo, el gran agravante es lo acelerado y brutal de este endeudamiento y para que está sirviendo. La totalidad de la deuda externa argentina tomada en lo que va del 2016 no se utilizó para construir hospitales, escuelas, inversión en ciencia y técnica u cualquier otra inversión de la matriz productiva nacional. Su destino fue y es el pago de más deuda, financiar la fuga de capitales, cubrir el creciente déficit fiscal del sector externo, financiar la remisión de utilidades a las casas matrices y financiar el turismo argentino en exterior. Esta situación que se proyecta incrementar más aún hacia el 2017, tiene dos objetivos esenciales: generar ganancias extraordinarias del sistema financiero local e internacional y limitar la autonomía de las políticas económicas futuras de nuestro país. Las cartas se están jugando. Queda en manos de la sociedad argentina si queremos entrar en este camino de sometimiento neoliberal o si queremos en cambio proyectar una Argentina soberana.